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Empieza hoy, y entiende qué estás haciendo · capítulo 1.1 · módulo 2 de 7

Te fuiste doscientas veces y eso es la práctica

8 min de lectura · sin audio

La idea más cara que existe sobre meditar es esta: que irse es el error y quedarse es el ejercicio. Está al revés. El ejercicio entero está en el volver, y por eso cada vez que te vas te está dando otra oportunidad de practicar.

Si el módulo anterior describió lo que pasa, este trata de lo único que tienes que hacer al respecto. Y es más corto de lo que esperas: cuando notes que te fuiste, vuelve.

Eso es todo. El problema no es la instrucción. El problema es lo que casi todo el mundo añade por su cuenta al ejecutarla.

El movimiento en tres tiempos

Míralo despacio, porque cada uno de los tres tiempos se puede hacer bien o mal.

Primero: te fuiste. Estabas con la respiración y ahora estás repasando una conversación de ayer. Ya vimos que esto no lo decides tú.

Segundo: te das cuenta. Algo en ti registra que no estabas donde ibas a estar. Este es el momento clave y volveremos a él.

Tercero: vuelves. Traes la atención otra vez a la respiración, o a donde estuvieras poniéndola.

Y entonces te vuelves a ir, probablemente unos segundos después. Y repites. Doscientas veces en diez minutos es una cifra perfectamente razonable para alguien que empieza, y no significa nada malo sobre ti.

Dónde se rompe: el peaje

Entre el segundo tiempo y el tercero, la mayoría de la gente mete un peaje. No lo llama así, pero eso es.

Notas que te fuiste, y antes de volver pagas: «otra vez», «no sé hacer esto», «llevo tres semanas y sigo igual», «se me da fatal». A veces son palabras, a veces solo una punzada de fastidio que dura medio segundo.

Ese peaje tiene dos costos concretos. El primero es que te mantiene fuera más tiempo: te fuiste al correo, volviste un momento, y ahora estás en un pensamiento sobre lo mal que meditas, que es otro pensamiento igual que el anterior. El segundo es que convierte cada repetición en una pequeña derrota, y nadie sostiene durante meses un ejercicio en el que pierde doscientas veces por sesión.

Quitar el peaje no es autoayuda. Es lo que hace que el ejercicio se pueda repetir.

Por qué el volver es el ejercicio

Hay una comparación que ordena esto bastante bien, siempre que no se estire demasiado.

Cuando alguien levanta una pesa, el ejercicio no es tener el brazo arriba. Es el recorrido: subirla y bajarla, muchas veces. Si alguien pudiera dejar el brazo arriba una hora sin moverlo, no estaría entrenando más, estaría entrenando otra cosa.

En la meditación, sostener la atención quieta sería tener el brazo arriba. El recorrido es irse y volver. Así que cada vez que tu cabeza se marcha, te está entregando una repetición más.

La comparación tiene un límite y conviene decirlo, porque este curso va a marcar sus límites siempre: nadie ha demostrado que la atención funcione como un músculo, ni que se pueda medir en repeticiones. Es una manera de entender la forma del ejercicio, no una afirmación sobre lo que ocurre dentro de tu cabeza.

con peaje«otra vez me distraje»sin peaje
Las dos vueltas cuentan igual. La de abajo se puede repetir doscientas veces sin que duela.

Qué hacer, en concreto, cuando te des cuenta

La instrucción práctica cabe en una línea, pero vale la pena desglosarla porque cada parte evita un error distinto.

No te reproches nada. No porque el reproche sea moralmente malo, sino porque te deja fuera más tiempo.

No revises adónde te fuiste. Es tentador entender por qué apareció justo ese recuerdo. Ese análisis es otro viaje, y encima uno que se siente productivo.

No fuerces la vuelta. No hace falta un tirón ni una orden interna. Es más parecido a acordarse de algo que a agarrar algo.

Y no midas la sesión por cuántas veces te fuiste. Si al terminar te sale la frase «hoy me distraje muchísimo», date cuenta de que también podrías decir «hoy volví muchísimo». Es la misma sesión.

Una cosa opcional que ayuda a algunas personas

Hay quien encuentra útil ponerle un nombre muy corto a lo que estaba haciendo la cabeza cuando la pilló: «planeando», «recordando», «ensayando una conversación». Una palabra, sin desarrollarla, y de vuelta a la respiración.

Es una técnica antigua y bastante extendida, y lo importante es que es opcional. A algunas personas les ordena el momento; a otras les añade una tarea encima de la que ya tenían. Pruébala unos días y quédatela solo si te simplifica.

Y si la usas, que sea una etiqueta y no un juicio. «Planeando» es una etiqueta. «Otra vez planeando, qué desastre» es el peaje disfrazado de técnica.

Lo que cambia con el tiempo

Conviene decir con precisión qué se puede esperar que cambie, sin prometer de más.

Lo que suele reportar la gente que practica un tiempo no es que se vaya menos. Es que tarda menos en notarlo. Donde antes pasaban tres minutos enteros dentro de una película mental, ahora pasan veinte segundos.

Fíjate en que ese cambio ocurre en el segundo tiempo del movimiento, no en el primero. La cabeza sigue yéndose. Lo que se afila es el darse cuenta.

Y ese es también el motivo por el que la práctica se nota fuera de la sesión antes que dentro: el mismo darse cuenta aparece un martes discutiendo, o a las tres de la mañana dando vueltas a algo. En el próximo módulo vemos por qué buscar ese resultado demasiado pronto es justo lo que hace que la gente abandone.

Dos casos que van a pasarte y conviene anticipar

El primero: te quedas dormido. Ocurre sobre todo si practicas de noche, tumbado o muy cansado. No es un fallo moral y tampoco tiene mucho misterio: pusiste el cuerpo quieto, quitaste el estímulo y estabas con sueño.

Si pasa una vez, no significa nada. Si pasa siempre, es información sobre el horario o la postura, no sobre tu capacidad, y el capítulo siguiente da soluciones bastante concretas: incorporarte, abrir un poco los ojos, cambiar la hora.

El segundo caso es más delicado. A veces la cabeza no se va a un correo pendiente, sino a algo que duele: una conversación difícil, una pérdida, una preocupación de verdad. Y volver a la respiración se siente como taparlo.

La instrucción no cambia, pero sí conviene decir dos cosas. Una: volver no es reprimir. No estás decidiendo que eso no importa; estás decidiendo que ahora mismo estás haciendo otro ejercicio, y eso sigue estando disponible después. Dos: si lo que aparece es demasiado grande, dejar la sesión y levantarte es una respuesta correcta y no un abandono. Hay un capítulo entero sobre esto más adelante, y lo decimos aquí porque puede aparecer en tu tercera sesión, no en el módulo cuatrocientos.

Por qué esto no es motivación

Vale la pena separar lo que acabas de leer de un consejo de superación personal, porque se parecen por fuera.

«No te castigues» dicho como ánimo es una recomendación amable que puedes seguir o no. Aquí es otra cosa: es la descripción de dónde está el ejercicio. Si el ejercicio es volver, entonces todo lo que te retrase en volver estorba, y el reproche te retrasa. Es un argumento sobre el mecanismo, no sobre tu actitud.

Y por eso mismo no depende de que te sientas bien contigo. Puedes tener un día pésimo, estar de mal humor, pensar que esto no sirve, y aun así ejecutar el movimiento correctamente doscientas veces. La práctica no pide un estado de ánimo previo.

El curso entero son diez partes, y los primeros módulos los lees sin cuenta — son estos. Con la cuenta, el curso completo, el diario, la respiración guiada y meditar acompañado de sonidos son gratis siempre. Lo único que se paga son las meditaciones guiadas que se componen para ti.

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